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Las pesadillas que se eternizan en lo hondo de mi subconsciencia

El amor, el universo
La verdad, el deseo

La certeza, lo desconocido…

El hoy, los frutos del pasado

Mi momento, escribir lo que siento….

El sentimiento, lo humano
La perfección, aquello que negamos cuando lo poseemos en nuestras manos….

La música, el misterio mas satisfactorio, algo que nos transporta hacia lugares imaginarios o inexistentes que creamos en nuestra mente y que nos hace sentir extraordinariamente bien, es por lo tanto, el universo en nuestras manos, el amor menos amargo, la certeza de nuestra existencia, el sentimiento que nos hace humanos.
Es la música, el instrumento que utilizo para expresar aquello que amo.

Es la música algo que cada uno interpreta a placer, melodías con un sentimiento único e indescriptible, con letras o sin letras, el lenguaje universal, aunque se pueda desconocer su estructura, se aprecia con dulzura, y sin luz estando a oscuras.

Mi cabeza hoy me lleva hacia muchos lugares, aun sin tener pies para caminar, se arrastra cual serpiente, en un mundo repleto de confusión, de interrogantes sin solución, me transporta hacia un mundo de sueños donde tu imagen veo en un ángulo perfecto, un ángulo de ilusión, que en mis sueños cree yo en mi subconsciencia, creando así una nueva ciencia, que estudia tu mirada en la luminiscencia de un mundo tan remoto y tan lejano como el infinito, cuya alucinación se crea en mi universo paralelo, en el planeta de mis pesadillas.

Son pesadillas, por la certeza que causa la imposibilidad de recrear el momento que deseo. Ese momento que es tan imposible realizar, así como lo es, encontrar la última cifra de un número irracional.

Es eso lo que describo como el amor real, el amor de verdad, ese amor capaz de hacer vibrar cada átomo de nuestro cuerpo, como la nota más aguda que un instrumento de cuerda pueda realizar. La imposibilidad de tenerte sentirte, amarte, describir tu silueta con el vértice de mis dedos, sentir tu respiración más cerca de lo que podría estar el halo de luz que penetra cada mañana por mi ventana, formando una línea tan perfecta como la línea que rodea el grosor de tus labios. Una línea que me hace perder la cordura, cada instante que ésta imagen en mi cabeza perdura, haciéndome cerrar los ojos para disfrutar el ese segundo que quisiera eternizar.

¿Una obsesión? ¿El amor?
Dos conceptos compatibles unidos entre si, como una cadena de ADN, como las venas que cada ser humano tiene, como el sistema nervioso que se altera cada vez que en eso se piensa, tu imagen en mi cabeza.

Eres mi momento, eres el sueño que deseo eterno, eres el conjunto que complementa lo mas absurdo de mis pensamientos, eres lo imposible dentro del cajón de mis intentos, eres lo que lamento, por ser el sueño conseguido de otra persona que envidio en mis adentros.
La locura de mi persona, se realiza con cada palabra que dedico a pensar en un espejismo a realizar, pero al igual que la imagen que un espejo realiza, es inversa a la real, es una paradoja del destino que me adentra en un pozo infinito donde caigo para enderezar una convicción que estimo real, cual virus indestructible en un sistema sin defensas.

Así pues, verdad o realidad, seguiré conformándome con ser la asintota de la hipérbola que, para mi tu, hoy representas.

Así concluyo diciendo que es todo por hoy.

Donde el hoy, son los frutos del pasado, al que hoy el destino me ha llevado.

Mi irónico destino particular, donde es mi vida tan irracional.

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Isabel Montse

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