24 abril, 2020

Surrealista y revelador

Hace días que abro el blog para escribir y dejar aquí plasmados todas las extrañas situaciones y circunstancias que han acontecido en mi cabeza. Y siempre lo cierro sin escribir nada porque mi mente se va a otros lugares, pero hoy por fin, ha llegado el día.
Estos cambios que están sucediendo en nuestras vidas, nos está afectando a todos.
A unos mas que a otros, a cada uno en diferente manera, pero a todos.

Dicen que estamos soñando más de lo normal, sueños extraños, y es que nuestra mente está tratando de entender y adaptarse a ésta nueva realidad que se nos plantea, donde nada va a ser igual que antes. Esto no va a ser como un libro que te lees, que cuando cierras ya se acaba. O como cuando acabas una serie y el actor deja de actuar para tener una vida «normal».

Normal… ¿hay algo que haya sido normal alguna vez?

Y ahi viene mi reflexión.

Bueno, una reflexión de tantas. En éste periodo de confinamiento que hoy suman ya 41 días de confinamiento, más de un mes encerrada en una casa donde tengo la suerte de tener balcón, pareja y gato. Internet y casa 100m2 además de libros, mas de un ordenador y ninguna enfermedad que nos haga preocuparnos en extremo.
Tenemos la suerte de ser ermitaños y que nos guste estar en casa, y que actualmente no tenemos ninguna responsabilidad ni trabajos de riesgo, tenemos suerte, somos ahora mismo muy afortunados, mucho.

Y gracias a eso hemos podido experimentar un «yo» interno.

Y en particular he tenido un ejercicio de sinceridad conmigo misma y he llegado a una decisión que desde hace meses me atormentaba, y en su lugar he encontrado otra que me ha rescatado de ese agujero donde estaba cayendo, o más bien, m donde caí, pero del que por suerte salí.

Voy a cumplir 37 años éste Lunes 27 de Abril,  y estaré de vacaciones. Unas vacaciones que en principio no iba a estar operativa porque tenía previsto haberme operado el 28 de Marzo, operación que por motivos obvios no ha podido realizarse.

El día 3 de Abril, día que cumplía 13000 días de vida, decidí publicar una nueva canción, con lo que ello conllevaba. Contactar con el que la produjo, contactar con la persona que haría la masterización, realizar el diseño de la portada, subirla a la plataforma para publicarla, realizar todos los pagos pertinentes, hacer el registro de la canción, hacer el videoclip, hacer conexiones en redes sociales para presentarlo, hacer diseños para instagram para llamar a la gente para que lo vea, etc etc…
¿Y qué sucedió? Pues que llegó el día, me peiné, me maquillé, me vestí, preparé las luces de escenario para presentarme a la cámara… y no se conectó nadie. Me desconecté a los 15 min minutos alegando que la conexión se fue, No dejé el breve directo publico, no, no tenia ganas. Ahí fue donde las luces se apagaron, las cortinas dieron cierre al escenario. Sentí que se acababa la función.
Pocos mensajes recibí sobre la canción que envié a modo de enlaces por privado, WhatsApp y otras aplicaciones de mensajería, mas que algún «que guay que sigas luchando por tu sueño» y unas 5 personas que la escucharon y me dijeron que «era muy bonita». Tanto trabajo detrás de hacer algo así para un «muy bien, qué chula».

Hay un gran trabajo detrás de la musica, y a mí personalmente me suponía un gran esfuerzo, sí en pasado.
Para interpretar las canciones, hay que hacer un previo, de calentamiento, ensayo, etc… y me di cuenta de que me resultaba demasiado esfuerzo, que luego no lo disfrutaba. Por los que me pregunté «¿de verdad quieres ser cantante? ¿Es posible que cantar sea el sueño de una «yo» del pasado y que nada tenga que ver con el sueño que quiere cumplir la «yo» de hoy?»
Me emocioné, no era la primera vez que me hacia esa pregunta, pero sentí que era la primera vez que me iba a responder de verdad, con el corazón en al mano y con el alma observándome atentamente, eso quiere decir, que era importante para mi, porque cantar es algo que me encanta, que me apasiona, que me eleva, componer canciones, interpretarlas. Sueño con llenar escenarios y la verdad es que es un sueño que en el fondo me encantaría hacer realizar, pero hay que hacer un ejercicio de sinceridad y realidad y ver la suma de ingredientes, y es que con patatas y huevos no puedes hacer una paella, pero si que te puedes hacer una suculenta tortilla.

Tengo muchos frentes abiertos, demasiados, y es momento de cerrar algunos libros y dejar de escribirlos.

Fue entonces, que frente a tal presión que sentí por querer hacerlo bien, afinar, cantar en el balcón para mis vecinos, que me dije «si me cuesta tanto, y siento tanta presión, es porque realmente no lo deseo tanto» y ahí es cuando empieza el siguiente capitulo.

A principios de octubre de 2019 llegó a mi un iPad mini con su lápiz a mis manos, y fue un autoregalo que me hice para mi segunda operación de piernas de lipedema.
Tuve un postoperatorio tan malo que no me apetecía nada dibujar. Me mareaba.. en fin, fue más difícil la recuperación de lo que parecía. Así que ahí se quedó todo.

Pero ahora llegó su momento. Éstos dias confinada decidí volver a retomar el dibujo, y tras versionar a algunas chicas de lipedema que sigo, me emocioné, y empecé a dibujar a amigos, a conocidos, a gente desconocida, me empezaron a pedir dibujos y me empezaron a pagar por ello incluso, sentí que quería mas y mas, y dedicarle mas horas, y hacer mas cursos, y aprender, sentía que cuanto más tiempo y atención le dedicaba, mejor lo hacía, me abrí una cuenta aparte en instagram para publicar mis dibujos, y empecé a seguir a otros artistas ilustradores, me gustaba la comunidad, me hacia sentir mas viva, ilusionada, y me di cuenta que eso con la musica no me pasaba, que era algo que perdí hacía mucho tiempo, en los años que llevaba grabando el disco. Hará ya más de 4 años.

Y sí, es posible que viajara a Barcelona para cantar, pero hay otras habilidades y sueños que me gustan y que no requieren de una edad y una imagen como lo es la musica. No vine solo para eso, realmente quería un futuro donde ser «yo» y ser quien decidiera ser.

Así que podría decirse, que los trazos me rescataron del agujero del que caí el día que presenté la canción «cambios» y «canvis»

Y es que quizás me deba de volver a cantar a mi misma «Y es mi nuevo presente que veo tan diferente, aquí en mi vida, vamos a vivirla»

Y eso no dice que no vaya a volver a cantar, ni mucho menos, es imposible dejar la música. Seguiré cantando y componiendo canciones, y además seguramente acompañada de Enrique en algunos momentos, seguiré creando musica a otro nivel.

Pero voy alimentar a otras «yo» que tengo dentro de mí, otras yo a las que les daba menos de comer y a la que quizá me de mas frutos.

Así que, no hay mal que por bien no venga, mala suerte, o buena suerte, nunca se sabe.

Pero tenía que expresarlo, publicarlo.
Confesároslo.

Porque de eso va éste blog, de mi alma desnuda en letras.

Sin medida, sin nada más.

Solo yo,

Con el sentimiento entre mis manos como si fuese la arena y el viento que van jugando entre mis dedos.

Como el olor a chocolate que viene desde la habitación de al lado,

Como ese sentimiento que te despierta una sonrisa porque sabes lo que vendrá después.

Hablo del olor a chocolate caliente, claro, je, je, que luego te lo vas a comer.

Hablo de que la vida es algo más… que hay que apreciar los peques detalles.

Como el calor del agua de la ducha.

Como la voz de las personas que quieres.

Como poder despertar cada día, sabiendo que tienes todo lo que necesitas.

Porque aunque toda ésta pandemia parezca y sea tan surrealista.

Podemos apreciar algunos detalles para divisar ese rayo de luz en la oscuridad.

Porque está, existe.

Tarde o temprano se revela.

Como los delfines en las playas.

Existe.

Igual que yo al haber escrito esto.

Igual que tú y tu historia,

Tu que me has regalado tu tiempo, al leerlo.

Gracias,

Todo va a ser mejor.

Volveremos a nadar.

Como delfines en al playa.

Y dejará de ser todo así para ser diferente y mejor.

Evolución amigos.

¡Hasta la próxima!

¡Gracias de nuevo!

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