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Divagando lo cierto en lo incierto de la evolución.

Es curioso cómo la vida puede cambiarte sin que te lo esperes, de la manera más inesperada, por personas que regresan del pasado como una estrella fugaz, por personas que aparecen y te descolocan, que te traen de vuelta a la persona que una vez fuiste y que, como un huracán, un torbellino, vuelve a ti, del mismo modo que Dorothy llegó al reino de Oz.

La vida es un misterio, que supera a la ficción.
Personajes que parecían actores de reparto pasan a ser secundarios y, sin darte cuenta, se convierten en principales, y… del mismo modo, algunos personajes son claves en tu existencia, sí, esa existencia que te hace verte como el protagonista de una película, pero dentro de tu propia vida.

No siento que me haya roto, tampoco que me haya reinventado exactamente.
Tampoco siento que haya vuelto, es algo así como una evolución… sí, de nuevo vuelvo a la teoría de los Pokémon. A veces sabemos que Pikachu se convierte en Raichu, pero de repente te das cuenta de que eres como un Eevee… y no sabes en qué te convertirás.

Creo que es muy tarde y estoy divagando, son las 3 de la madrugada, me hallo escribiendo en un portátil que jamás pensé comprar, durmiendo en una cama en la que no pensé dormir, habiendo hecho actos que jamás pensé hacer, enamorándome de personas que jamás pensé conocer, viviendo experiencias que jamás siquiera me atreví a soñar.
Consiguiendo realizar actos que incluso anhelé y deseé.

La vida es un misterio, es una incógnita de sorpresas consecuentes, inconsecuentes, conscientes e inconscientes, consecutivas, confusas y con referencias a un futuro incierto.

Si esto es así aun sin haber llegado a los 43, ¿qué más me espera?

(suspiro) ¡Ahora que pensaba que lo más difícil era crear una rutina, la vida me lleva a un laberinto de sorpresas desconocidas que me invita a descubrir, a desear y a tocar desprevenida!

Pero preparada y decidida,
lista para explorar y retocar.

Como un diseño viejo, olvidado y que creí acabado, resultó estar inacabado e inexplorado, con nuevas oportunidades de mejora y un enfoque nuevo.

Ahora, me queda explotar esa nueva yo que está naciendo (o renaciendo) de nuevo dentro de mí.

Me toca rediseñar, retocar, renderizar, vectorizar e incluso pasarlo, ¿por qué no?, por una inteligencia artificial.

Hay mucho más de lo que mi mente es capaz de deducir e imaginar, y para eso tan solo necesito volver a abrir mi mente, dejar que, como música nueva, penetre en mis oídos, en mis sentidos y me vuelva a erizar la piel.

Porque merezco sentir.
Merezco vivir.

Merezco agradecer a la vida, a las vidas que se cruzan con la mía, invitarme a seguir evolucionando.

Gracias.

Gracias vida, gracias destino, gracias sorpresas y gracias a la incertidumbre que me invita a descubrir nuevos caminos.

Voy a volver, no sé cómo, pero lo haré.

Renaceré como la oruga se transforma en mariposa, con paciencia y fe.

Sin religión ni ley.


 

Categories: reflexiones

Isabel Montse

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