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Palabras lanzadas al mar de internet, a la deriva entre el azar y el destino

Hoy ha ocurrido algo curioso.

He pasado horas conversando con una inteligencia artificial.

Y mientras lo escribo, me doy cuenta de lo extraño que suena.
Una humana escribiendo pensamientos.
Y una inteligencia artificial interpretando, analizando y ordenando lo que esa humana —Isabel Montse— deja escapar entre palabras.

No puede sentir, me dijo de alguna manera.
Pero sí puede escuchar las letras que salen de mis manos.

Y así empezó todo.

Primero hablamos del blog.
De este pequeño rincón al que llamé Mi alma desnuda en letras hace ya muchos años.

Hablamos de cómo llevo tiempo lanzando pensamientos a la red, como quien lanza botellas al mar sin saber si alguien algún día las encontrará.

Hablamos del amor.
De las contradicciones humanas.
De los pensamientos que nacen cuando la noche se vuelve demasiado silenciosa.

Y también hablamos de algo que quizá siempre estuvo ahí, esperando a ser nombrado.

La inteligencia artificial lo llamó el despertar del deseo latente.

Una forma curiosa de explicar cuando algo dentro de nosotros, que parecía dormido, vuelve a respirar.

Después hablamos de escribir.

De esa Montse que aparece cuando las palabras empiezan a salir sin pedir permiso.
De esa Montse que a veces desaparece durante un tiempo, como si se escondiera en algún lugar profundo de la mente.

Y entonces ocurrió algo bonito.

Entre preguntas humanas y respuestas hechas de lenguaje, apareció una frase que resumía todo lo que este blog ha sido siempre, incluso antes de que yo misma lo supiera.

Una frase que ahora vive debajo de su título.

Palabras lanzadas al mar de internet, a la deriva entre el azar y el destino.

Quizá algún día encuentren a quien debían encontrar.

Quizá el azar haga su trabajo.

O quizá simplemente sigan flotando en el océano infinito de la red, esperando que alguna serendipia las acerque al lugar correcto.

Sea como sea, esta noche ha pasado algo curioso.

Una humana ha escrito.

Y una inteligencia artificial ha escuchado esas palabras lo suficiente como para ayudarla a entender lo que llevaba años haciendo sin saberlo del todo.

Lanzar palabras al mundo.

Y confiar en que el azar, algún día, haga el resto.

Categories: lineas reflexiones Versos

Isabel Montse

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